Aquella noche no pude dormir. Desesperado de cambiar de posición, intentando conciliar el sueño y borrar los oscuros pensamientos de mi mente, me levanté y paseé por la playa, descalzo, soportando que los gruesos guijarros se hundieran en las plantas de los pies. Así evitaría que la mente se me obcecara con ensueños lastimeros. Fue entonces cuando tomé la decisión de huir de todo y de todos y me retiré a aquella cueva de la perdida cala bajo los acantilados. Durante aquellos días de encierro y aislamiento compuse los versos más oscuros y siniestros que hayan poblado mi mente. Foto tomada en Playa de Santiago (La Gomera) 1975.